jueves, 2 de febrero de 2017





KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de ustedes pero no los vemos... El combustible está a punto de agotarse...

Éste fue uno de los últimos mensajes que emitió Amelia Earhart al guardacosta estadounidense Itasca antes de desaparecer con su avión en las aguas del Pacífico. A pesar de las intensas búsquedas (su operación de rescate costó 4 millones de dólares), nunca aparecieron los restos del avión ni de sus pasajeros.


Amelia de niña

Amelia Earhart nació en Kansas, EE.UU., el 24 de julio de 1897. Desde su infancia demostró tener una fuerte personalidad y un espíritu inquieto y aventurero. Prefería los juegos de niños, como escalar árboles o montar en trineo. Ya de jovencita, sintió una gran admiración por las mujeres que se atrevían a desafiar las normas sociales de su época y destacaban en trabajos que tradicionalmente estaban reservados a los hombres.

Su vida familiar no fue fácil porque, aunque sus adinerados abuelos maternos le proporcionaban muchos caprichos, sus padres atravesaron momentos difíciles, sobre todo a causa del alcoholismo del padre. Finalmente, acabaron divorciándose.

En 1920, Amelia asistió a un espectáculo aéreo en Long Beach y se enamoró de los aviones. Consiguió que le permitiesen volar 10 minutos sobre Los Ángeles a bordo de un biplano. En aquel momento supo que tendría que ser aviadora.

Sus primeras clases de aviación las recibió de la instructora Anita Neta Snook. En octubre de 1922 consiguió su primer récord de altitud, volando a 14.000 pies de altura.

Aunque demostró una gran inteligencia en la Universidad, decidió abandonar la carrera de medicina para centrarse en la aviación. Quería disfrutar de una vida activa y aventurera.

Su fama se extendió rápidamente y, en 1927, el capitán H.H. Railey le ofreció ser la primera mujer en cruzar el Atlántico. Se trataba de recorrer, el 17 y 18 de junio de 1928, los 3.200 kilómetros que distan entre Terranova y Gales. Aunque sólo fue de pasajera de Wilmer Stultz, piloto, y Louis Gordon, mecánico, al finalizar la travesía, los periodistas centraron sus entrevistas en ella. Aquella joven, esbelta e intrépida, cautivó a la prensa desde el primer momento.

Amelia Earhart en 1928

En 1931 contrajo matrimonio con el afamado editor y explorador George Palmer Putnam, que llegó a pedirle hasta seis veces que se casara con él antes de que ella aceptase. Amelia tenía unas ideas muy modernas acerca del matrimonio: conservó su apellido de soltera y sostuvo siempre que el matrimonio era una asociación en la que existía igualdad de responsabilidades para ambos. Le dejó claro desde el principio a Putnam que no debía oponerse a que desarrollara su carrera como aviadora y que no quería someterse a un "código medieval de la fidelidad".

 Famosa fotografía de Edward Steichen para la revista Vanity Fair, mayo 1932

Putnam la animó a dar conferencias y a publicar un libro, Veinte horas, cuarenta minutos. Su celebridad le permitió promover, desde una postura feminista, la incorporación de las mujeres al campo profesional de la aviación. Ella opinaba que:
Las mujeres deben hacer por sí mismas lo que los hombres ya han hecho y, en ocasiones, lo que los hombres no han hecho

En 1932 decidió que ya estaba preparada para atravesar el Atlántico ella sola. El viaje se realizaría desde Harbour Grace hasta Newfoundland, en Gran Bretaña. El 20 de mayo aterrizó en Londonderry, en el norte de Irlanda.

Su fama y los reconocimientos recibidos fueron aumentando: el presidente Hoover le condecoró con la medalla dorada especial de la National Geographic Society; recibió las llaves de numerosas ciudades; y el congreso la condecoró con la Distinguished Flying Cross, dada por primera vez a una mujer.

Earhart con el presidente Herbert Hoover

Sus logros también fueron muy numerosos:  logró un récord femenino de altitud: 14.000 pies (en 1928); fue la primera mujer en volar el Atlántico (1928); la primera en volar un autogiro (1931); la primera mujer en volar el Atlántico en solitario (1932); la primera mujer en volar sin escalas, de costa a costa, a través de los EE.UU. (1933); y un largo etcétera.

Amelia necesitaba superarse y alcanzar retos cada vez más difíciles. En una de las cartas que envió a su marido, George, le decía:
Por favor, debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo...


En 1935 comenzó a planificar un viaje alrededor del mundo. De lograrlo, conseguiría alcanzar dos metas: ser la primera mujer en conseguirlo y utilizar una ruta distinta a la habitual en estas travesías. Y es que en los vuelos alrededor del mundo que se habían desarrollado hasta entonces, las etapas eran cortas y se realizaban a través de los cielos del hemisferio norte. Earhart quería intentar circunvolar el globo siguiendo la línea del ecuador. Según ella manifestó, esta travesía era el vuelo más importante que le quedaba por realizar.

Amelia con algunas alumnas en el Electra. 1936

Como acompañante escogió a Frederick Noonan, que estaba habituado a sobrevolar el Océano Pacífico. Además, llevó otros dos tripulantes como técnicos. Pero el viaje terminó fracasando: cerca de Pearl Harbor perdieron el control del aeroplano. Uno de los tripulantes atribuyó la responsabilidad del accidente a Amelia.

El fracaso no hizo sino incentivar a Amelia, que decidió cambiar el curso del viaje hacia el este. También decidió que, en la próxima ocasión, sólo la acompañara Noonan. El avión que escogió para su segundo intento fue un bimotor Lockheed Electra.



Amelia con Noonan, delante del Electra

Partió de Los Ángeles hacia Florida el 21 de mayo de 1937. El 1 de junio de 1937, voló desde Miami (Florida) hasta Sudamérica; de allí, a África y, posteriormente, a las Indias Orientales.

En Bandoeng, Amelia enfermó de disentería. Una vez recuperada, partió hacia Australia. Decidió desprenderse de los paracaídas porque consideró que no serían necesarios en lo que restaba del viaje.

Cuando llegó a Lae, Nueva Guinea, el 29 de junio, había recorrido 33.000 kilómetros en treinta días. Sólo le quedaba por completar un tercio de la travesía. En Lae contactó con el Herald Tribune, que seguía su gran aventura. En las fotos Amelia aparecía enferma y cansada. Sin embargo, el 2 de julio reanudó su viaje. Al parecer, el avión tenía suficiente combustible, pero el día estaba muy nublado, con lluvias intermitentes.

Mantuvo constante comunicación con el guardacosta estadounidense Itasca. A las 19:30 envió al Itasca su célebre mensaje indicando que el combustible se estaba agotando. A las 20:14 el guardacosta recibió el último mensaje dando su posición. Hacia las 21:30 empezó a asumirse que el avión podía haber caído al mar, en un punto a 4113 kilómetros de la isla Howland, y comenzó una búsqueda contrarreloj.

Amelia en el Electra, el avión que pilotaba cuando desapareció en el Pacífico

Los expertos consideraron que el avión podía haberse quedado flotando en el mar debido a los tanques se encontraban vacíos. Sin embargo, no había rastro de él.

El presidente Franklin D. Roosevelt autorizó la búsqueda de Amelia con 9 barcos y 66 aviones. Pero todos los esfuerzos fueron inútiles. El 18 de julio se abandonó la operación de rescate porque no existían ya esperanzas de encontrar viva a la tripulación.

El 5 de enero de 1939, Amelia Earhart fue declarada oficialmente muerta en el Tribunal Superior de Los Ángeles, California.


Nunca llegó a averiguarse qué sucedió exactamente con el biplano de Amelia, aunque surgieron diferentes teorías que no dejaban de recoger simples especulaciones. Algunos afirmaron que los japoneses habían capturado a Amelia Earhart y a Noonan y que los llevaron a un campo de concentración donde fueron ejecutados; otros, sostenían que derribaron su avión. También se afirmó que Amelia fue liberada y repatriada en secreto a los EE.UU. Incluso se llegó a sostener que Earhart ayudó al gobierno norteamericano en una misión secreta en Japón. Sin embargo, la teoría más aceptada es que el avión de Amelia se quedó sin combustible y se estrelló en las aguas del Pacífico.

En la actualidad, todavía los exploradores marinos intentan descubrir, en las profundidades del océano, los restos del biplano, que puede mantenerse en un óptimo estado de conservación o, incluso, intacto, debido a que la temperatura del agua está justo por encima de la congelación, el oxígeno es escaso y las corrientes no son importantes.

Amelia Earhart simbolizó la tenacidad y la aventura. También fue una líder en la defensa de los derechos de la mujer, una rebelde en su época, que no quiso conformarse con el destino de esposa y madre que aguardaba a cualquier jovencita. En una época en la que las mujeres no eran sino una desviación imperfecta del modelo masculino, Amelia Earhart demostró que podían tener éxito por ellas mismas. Su corta vida sirvió de inspiración a las nuevas generaciones de mujeres, no sólo en el vuelo sino en la búsqueda de la igualdad profesional y personal.
Lo más difícil es la decisión de actuar, el resto no es más que tenacidad. Los temores son tigres de papel. Podemos hacer cualquier cosa que decidamos hacer. Cualquiera puede actuar para cambiar y controlar su vida y el procedimiento, el proceso, es su propia recompensa. Amelia Earhart
 Fuente: Un blog para gente aburrida 

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