sábado, 23 de enero de 2016



Antes de que existiera ni siquiera la brújula, los vikingos, maestros ancestrales de la guerra y sobre todo la navegación, podían orientarse a través de la niebla, en altamar, gracias a un sofisticado método de posicionamiento solar, basado en la denominada 'piedra del sol'. 
Básicamente, estas piedras les permitían corroborar la dirección de la polarización de la luz. Las ondas electromagnéticas de la luz oscilan de forma perpendicular a la dirección en la que viaja. Así, cuando todas las oscilaciones apuntan a una misma dirección, la luz se encuentra polarizada. Con la ayuda de un cristal polarizador, es posible detectar incluso los más débiles rayos de luz y determinar la posición del Sol, sin importar lo cubierto que esté el cielo, o la niebla que exista en la atmósfera. 
El método no solamente fue abrumadoramente ingenioso, sino que permitió un sistema de navegación que, a diferencia de otras regiones del mundo, se vio obligado a prescindir de las estrellas. Es que durante el 'día polar', en las altas latitudes de las vías acuáticas escandinavas, la luz no permite observar astro alguno, más allá del Sol. Curiosamente, si la brújula hubiese existido en aquel tiempo, tampoco habría servido de mucho, puesto que la exactitud del magnetismo baja sensiblemente al acercarse al polo.
La 'piedra del sol' fue puesta a prueba científica en 2005, cuando un equipo de expertos logró atravesar el Océano Ártico a bordo del rompehielos sueco Odin, determinando exitosamente la posición del Sol en variadas condiciones meteorológicas. Más allá de este verdadero GPS ancestral, son muchos los estudiosos que sostienen que a los vikingos les bastaba con observar el vuelo de las aves, o las rutas migratorias de las ballenas, para poder orientarse en altamar.

BBC
 

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