sábado, 10 de octubre de 2015


Existe una maldición, según creencia popular, aunque con implicancias muy reales, que persiguió mortíferamente a los presidentes estadounidenses, desde 1840, hasta 1960, sin excepción.

También conocido como Tecumtha, o Tekamthi, el cacique Tecumseh, líder nativo del pueblo indígena Shawnee, fue derrotado durante la batalla de Tippecanoe, a manos del gobernador del recientemente formado Territorio de Indiana, William Henry Harrison, en 1811. Casi abatido, el jefe indio conjuró una poderosa maldición contra los Grandes Padres Blancos, como venganza por el dolor infligido a su pueblo: a partir de ese día, Harrison, al igual que todos los Grandes Jefes ungidos cada 20 años, morirían repentinamente.

Algunos años después, la maldición india comenzaba a surtir efecto. William Henry Harrison fue elegido presidente de los Estados Unidos, en 1840, y algunos meses después, en abril de 1841, moría a causa de una neumonía. Al día de hoy, es la presidencia más breve en la historia de la democracia estadounidense.

En 1860, Abraham Lincoln arribaba a la presidencia y, cinco años más tarde, era asesinado por el actor John Wilkes Booth, precisamente después de iniciar su segundo mandato.

James A. Garfield ganaba las elecciones de 1880 y tan sólo algunos meses más tarde era asesinado a manos del abogado Charles Jules Guiteau, en el hall de espera de la estación de trenes de Washington.

Veinte años más tarde, aunque en realidad se trató de una reelección, el presidente William McKinley era asesinado por el anarquista Leon Czolgosz.

Los dos próximos presidentes no murieron repentinamente, aunque sí por causas naturales, presuntamente: Warren G. Harding, elegido en 1920, murió oficialmente por una apoplejía, aunque existen sospechas de envenenamiento. Franklin D. Roosevelt, reelegido en 1940 para su tercer mandato, falleció por una hemorragia cerebral.

La larga lista de presidentes estadounidenses afectados por la maldición india llegaba a su fin con el mandato de John F. Kennedy, elegido en 1960 y asesinado en 1963. Desde entonces, con la presidencia de Ronald Reagan, elegido en 1980, los efectos de la maldición comenzaron a desvanecerse. Reagan estuvo a punto de ser asesinado el 30 de marzo de 1981, en Washington, cuando John Hinckley disparó contra él. No obstante, sobrevivió y murió muchísimos años después, a los 93 años de edad.

BBC

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