domingo, 6 de abril de 2014


 
El primer intento inglés de crear una colonia estable en territorio americano terminó en el más espectacular de los fracasos, dando lugar a un misterio histórico que aún hoy perdura: los 117 colonos, hombres, mujeres y niños, abandonaron el asentamiento para adentrarse en la floresta salvaje, sin que nadie sepa con certeza cuál fue su destino o qué motivó exactamente su partida.

El proyecto de establecer un asentamiento estable en el Nuevo Mundo había partido de la iniciativa privada de sir Walter Raleigh, quien tras obtener el permiso de la reina organizó y financió toda la operación. Los informes de sus exploradores le hicieron escoger como ubicación de la colonia la isla de Roanoke, de 46 km² y clima benigno, situada frente a la costa de lo que hoy es el estado de Carolina del Norte.

En 1586 llegó a la isla un primer contingente colonizador compuesto por 75 veteranos que pronto hicieron un ataque preventivo contra los nativos de la isla. Al poco solicitaban al corsario Francis Drake pasaje hacia Inglaterra, atemorizados por las posibles represalias.
Raleigh, al que la reina solo había concedido diez años de plazo para establecer de forma exitosa su colonia en América, se apresuró a organizar un segundo grupo, esta vez de 117 colonos e incluyendo mujeres y niños. Al frente del mismo situó al artista John White.

White, que era amigo de Raleigh, había participado ya en el viaje de exploración a la zona. Esta vez embarcó en la aventura a su yerno y a propia su hija, Eleanor Dare, que estaba embarazada y daría a luz a una niña en la isla. Lo primero que el gobernador White hizo al llegar a Roanoke fue intentar reestablecer las relaciones con las tribus a las que habían agredido sus antecesores, aunque sus tentativas diplomáticas no tuvieron éxito. Como consecuencia, los colonos se sentían cada vez más inseguros, y, para empeorar las cosas, los alimentos comenzaban a escasear.

Ante este panorama, White decide regresar a Londres a solicitar ayuda y víveres, y lo hace arriesgando su propia vida al cruzar el Atlántico en una época del año desfavorable para la navegación. Lamentablemente, una vez en Inglaterra se queda bloqueado por la guerra con España, sin poder volver a Roanoke a pesar de hace todo lo humanamente posible. Pasarán tres años hasta que logre desembarcar otra vez en la isla.

A su regreso, encuentra las casas de sus súbditos desmontadas y el lugar vacío. No hay signos de lucha ni un sólo resto humano a la vista. Sus compatriotas no han dejado ningún mensaje, tan solo la palabra “CROATOAN” grabada sobre un poste, y algo más allá, en un árbol, una sílaba: “CRO”.

Los Croatoan eran una tribu cercana que siempre se había mostrado amistosa con los ingleses. Como en el poste, junto al nombre de esta tribu, no aparece grabada una cruz maltesa, signo que según habían convenido los colonos y White antes de la partida de este significaría que habían sido atacados, el gobernador piensa que esto indica un traslado de los colonos al continente, a la capital de los Croatoan.

Quiere ir a buscarlos, desea con todo su corazón volver a ver a su hija y a su pequeña nieta, pero una descomunal tormenta se aproxima, y el corsario que a duras penas ha accedido a llevarlo a Roanoke no va a esperar más. White se ve, por tanto, obligado a regresar a Inglaterra. Morirá en 1606 sin saber qué fue de su familia.

Existen varias hipótesis sobre lo sucedido con los colonos de Roanoke. Según una de ellas, habrían sido aniquilados por indios hostiles. Según otra, por los españoles. Otra especula con la posibilidad de que se hubiesen cansado de esperar la ayuda de White, intentando volver a Inglaterra por sus medios y perdiéndose en el océano.

Sin embargo, la teoría considerada hoy como más factible concuerda en principio con la suposición de White. Afirma que los colonos ingleses fueron acogidos generosamente por los Croatoan, y, con el paso del tiempo, asimilados por ellos. Varias tribus actuales se consideran sus descendientes, total o parcialmente. Los más identificados con esta tradición son los indios Lumbee, asentados desde hace años en el condado de Robson (Carolina del Norte).

Entre los Lumbee, al menos hoy día, abundan el pelo rubio y los ojos azules, y su color de piel va desde el moreno al blanco. Entre sus apellidos se reconocen casi la mitad de los apellidos de los colonos de Roanote, y se dice además que hablan inglés y profesan la fe protestante desde época muy temprana.

El Centro La Colonia Perdida para la Ciencia y la Investigación (The Lost Colony Centre for Science and Research) lleva a cabo en la actualidad un proyecto mediante el cual estudia el ADN de los posibles descendientes de los colonos perdidos.


 

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