domingo, 20 de abril de 2014


Nunca se pensó que los trabajos de excavación que realizaban un grupo de geólogos pudiera desentrañar una historia tan aterradora y a la vez tan fantástica cuando fue contada.

Estos geólogos se hallaban realizando un trabajo que implicaba una gran excavación de tierra, al punto que llegaron a abrir un agujero de más de catorce kilómetros de profundidad en la corteza terrestre, pero más allá de encontrar resultados importantes para sus estudios, todos ellos terminaron paralizados ante lo que ellos describieron como el mismo infierno.

Primero, pudieron comprobar las altas temperaturas que se presentaban a esas profundidades, muchas de las que pasaban los mil grados centígrados, algo muy superior a lo que los científicos tenían estimado, lo cual ya se constituía como el primer punto en llamar poderosamente su atención.

Pero lo que vino después fue espeluznante, según revela el Sr. Azzacov –jefe del proyecto realizado en la Siberia- , y es que como siempre, se acostumbra a colocar unos micrófonos muy sensibles dentro de la excavación para determinar, según los audios, movimientos regulares en la tierra, como temblores o desplazamientos de las masas subterráneas. Sin embargo, lo que oyeron no tenía nada que ver con ello.

Inicialmente llegaron a ellos débiles sonidos, pero desconocidos a la vez, por lo que se pensó que ello tal vez provenía del mismo equipo instalado, pero luego de ser revisado todo, se comprobó que nada de eso provenía de los aparatos, sino que todo esto se estaba dando en las mismas profundidades de la Tierra.

Lo que oyeron fueron voces humanas que gritaban de dolor, en donde una destacaba sobre las miles que se oían de fondo, y todas ellas como si fueran almas en pena gritando de dolor y de sufrimiento.

A pesar del escepticismo del Sr. Azzacov sobre todos estos temas relacionados con el cielo y con el infierno, lo cierto es que no le quedó más remedio que dar fe a lo que estaba escuchando él mismo junto a todo el equipo de geólogos.

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