jueves, 10 de abril de 2014



Cuenta la crónica periodística y policial, que el 5 de mayo de 1988, un joven salido de la nada fue arrollado por un ferrocarril en la vía Ría Altas de Galicia, España. Se dice que el individuo caminaba sobre las rieles de espaldas al tren agitando los brazos de manera incomprensible. Pese a las advertencias del maquinista, el extraño sujeto no reaccionó siendo arrollado por la pesada maquinaria ocasionando la partición total de su cuerpo. Como es lógico, este hecho dificultó luego la labor de los forenses y la policía para lograr la identificación de la víctima, siendo lo único que pudieron rescatar alguna de sus características físicas (como su talla mediana, su raza blanca, cabello negro y ojos castaño) y su vestimenta, que era sencilla, camisa gris azulada, pantalón negro y zapatillas deportivas blancas. A parte de esto, no se supo nada del sujeto.

Desde aquella fecha, diversas hipótesis rodearon la figura del hoy llamado Caminante de Boisaca, primero se dijo que probablemente sería un mendigo perdido, hecho que se descartó casi inmediatamente luego que la policía hallara en uno de los bolsillos de su pantalón una fuerte suma de dinero, luego, que era un enfermo mental que habría escapado de un sanatorio, hecho que también se descartó pues no había noticia de ningún paciente escapado de algún manicomio de la zona, y por último, y quizá la más sorprendente de todas, que era un sujeto perdido sí, pero no de algún lugar de España, sino, de otro mundo, de otra dimensión, de otro tiempo.

El viajero del tiempo
Esta hipótesis fue barajada en un principio por el periodista e investigador español, Íker Jiménez, quien en su libro “Enigmas sin resolver”, sostuvo que la extraña presencia de ese hombre y lo inusual de su accidente, se parecía mucho a un caso ocurrido en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, en 1950, cuando un comerciante de nombre Rudolf Fenz, apareció de pronto en una vía de la Quinta Avenida siendo atropellado mortalmente por un vehículo.

Lo misterioso de este caso no fue sólo su repentina aparición en aquella transitada vía estadounidense sino que las características de aquel sujeto evidenciaban que no pertenecía a ese tiempo. Es decir, que su atuendo parecía pertenecer al siglo XIX y el dinero que llevaba en sus bolsillos, ya no se hallaban en circulación en ese momento.

Cuando los agentes iniciaron las investigaciones basándose sólo con el nombre de la víctima se encontraron con una gran sorpresa, las características de aquel sujeto de nombre Rudolf Fenz, coincidían con la de un hombre, del mismo nombre desaparecido misteriosamente en 1876.

El caminante crononauta

Según Jiménez, este hecho como el ocurrido en España, dejarían abierta la posibilidad de un supuesto “salto en el tiempo y el espacio” realizadas por personas (o viajeros) que al momento de sus respectivos accidentes aparecen “repentinamente en un lugar sin saber ni de dónde ni cómo han llegado allí”.
Esto se reforzaría con la versión de que al momento de su muerte, el llamado caminante de Boisaca, no pudo ser identificado y no fue reclamado por ningún familiar o amigo, tiempo después de su muerte. 

Los círculos de piedra
Otro hecho curioso que le dio un aire mucho más místico al tema, fue que cuando la policía se acercó a la zona del accidente, a unos pasos de allí encontró una extraña formación circular hecha con rocas y piedras cuyo significado no pudo ser entonces descifrado por la policía.

En este último punto, el investigador español, Juan José Vallejo, las piedras tendrían un significado antropológico en donde los círculos significaban, en las antiguas culturas, un elemento de invocación mágica, en la que el doble círculo estaría vinculado al demonio. Según Vallejo, el joven bien pudo, momentos antes de morir, realizar algún tipo de estas invocaciones. Por otro lado, la leyenda urbana considera que esto pudo ser un supuesto mensaje o códigos de otro tiempo.

Una prueba de ADN y el fin del mito?

Pese a todas estas cavilaciones sobre la posibilidad de los viajes en el espacio y el tiempo, recientemente el diario El Correo Gallego, desecha de tajo la posibilidad del viajero de otro tiempo o cualquier otra hipótesis enigmática, al publicar la supuesta identidad (completamente contemporánea) del referido caminante.

Según este diario, fue gracias a los análisis de ADN hechos por la policía, se logró determinar que la persona fallecida en 1988 por el referido accidente ferroviario era un joven de 22 años llamado, Óscar Ortega Vasalo, hijo de una farmacéutica de la zona de nombre, María Bertina Vasalo Álvarez, quien hasta el momento ha prefiriendo mantenerse al margen de la exposición mediática, no deseando hasta el momento, dar fe o no, de lo dicho por las autoridades locales.

Sea como fuere, el caso del caminante de Boisaca se suma a otros tantos como el de John Titor y su afamada máquina del tiempo, que pese a las evidentes posibilidades de que la historia se trate de una leyenda, un mito o un simple engaño, continúan incluso hoy, causando adeptos provocando curiosos círculos de seguidores.

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