sábado, 8 de marzo de 2014


Bajo los truenos de las superficie,
en las honduras del mar abismal,
el Kraken duerme su antiguo, no invadido sueño sin sueños.

Pálidos reflejos se agitan alrededor de su oscura forma;
vastas esponjas de milenario crecimiento y altura
se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza,
pulpos innumerables y enormes baten
con brazos gigantescos
la verdosa inmovilidad,
desde secretas celdas y grutas maravillosas.

Yace ahí desde siglos, y yacerá,
cebándose dormido de inmensos gusanos marinos
hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo.

Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles,
rugiendo surgirá y morirá en la superficie”

Este poema de Alfred Lord Tennyson, (1809-1892), poeta inglés que sentía verdadera pasión por las mitología nórdica y las leyendas medievales, nos sirve de introducción para conocer más de cerca al Kraken, criatura gigantesca que, según cuenta dicha mitología nórdica, poseía forma de pulpo o calamar, y que sorprendía y aterrorizaba a los pobres incautos que osaban adentrarse con sus embarcaciones en alta mar, sobre todo frente a las costas de Islandia y Noruega.



Cuentan las antiguas crónicas que este animal de grandes dimensiones, (su lomo podía medir hasta dos kilómetros y medio), poseía unos larguísimos y poderosos tentáculos con los que se abrazaba a los barcos y terminaba llevándolos al fondo del mar.

Y es que generalmente no llegaban a advertir su presencia hasta que era demasiado tarde, pues tal era su tamaño que mientras mantenía sus tentáculos ocultos parecía una pequeña isla en medio del mar. Al parecer la único manera de descubrirlos era mirar hacia el fondo del mar, pues entonces se podrían descubrir sus rojos y brillantes rojos traspasando la oscuridad que emanaba desde el fondo marino. Curioso resulta conocer que la única forma que existía de apaciguar su furia era celebrando sobre su superficie, siempre y cuando se le pillara dormido, una misa o acto religioso.

Ya en 1555 el naturalista de origen francés Pierre Belon hablaba en sus libros de un calamar gigante con apariencia monacal del que incluso llegó a realizar un dibujo detallado. El lo llamaba algo así como “monje marino”.

Siglos más tarde, allá por el 1800, otro naturalista de nombre Pierre Denys de Monfort, reconociendo su existencia, lo denominó Kraken al relacionarlo con las islas misteriosas que aparecían y desaparecían, y que eran descritas en la mitología y leyendas nórdicas, pero ya no lo veía tanto como un ser fabuloso, sino más bien como una especie desconocida de cefalópodo de tamaño gigantesco y que son viven en los mares del Norte. Por cierto, en noruego “kraken” significa fabuloso monstruo marino.
Hoy en día aún no se puede asegurar nada, ni que no hayan existido ni que sí y que se mantengan aislados del mundo exterior en las profundidades más insoldables del océano, aquellas a las que el hombre y toda su tecnología aún no ha podido llegar.

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